MITOS DE MESOAMÉRICA

27 noviembre 2008

Mesoamérica

“Antes que hubiesen días, ni años, estando el mundo en gran oscuridad, todo era un caos y confu-sión, estaba la tierra cubierta de agua. En aquel tiempo apareció un dios que tuvo por nombre un ciervo y por sobrenombre “culebra de león”, y una diosa (ciervo culebra de tigre). Estos dioses fueron los primeros. Ellos fundaron una gran peña sobre la que edificaron unos muy suntuosos palacios. Y encima de lo más alto de la casa, estaba un hacha de cobre, sobre la que estaba el cielo. Esta peña estaba en un cerro muy alto junto al pueblo de Apoala.”
“Leyenda Popular”.
Las creencias de los aztecas, mayas, mixtecas, etc., tuvieron determinadas cosas en común. Sus dioses y mitos poseen cierta similitud entre sí, debido seguramente a la cercanía geográfica entre estas culturas. Sin embargo cada tribu tenía sus propias deidades, sus ritos y sus propias leyen-das. Por otro lado, en lo que corresponde a la Creación, sí compartían las mismas creencias. De hecho el gran Dios Quetzacoatl está presente en la creación de casi todas las dinastías de los re-yes de las distintas tribus meso-americanas.
En este sentido, es bueno recordar que los reyes de todas las culturas del mundo, siempre han “estado” ligados a un linaje Divino. Los americanos de antes de Colón no fueron la excepción. Todas las dinastías de todas las tribus, poseían un origen Divino.
Los llamados dioses creadores no son muy fáciles de estudiar. La dificultad radica, más que na-da, en la nomenclatura con que se ha designado a los mismos. Tenemos así que a estas entidades divinas se les denomina con un número o letra y un nombre de animal, vegetal o mineral.
En otro orden de ideas, es importante señalar que muchos de estos dioses poseían una doble per-sonalidad, es decir, que un dios podía ser tanto macho como hembra, tanto bueno como malo.
Se cuenta que 1 Flor “Faisán” fue a ver a 9 Viento “Quetzacoatl” y le pidió que hablara con el dios 5 Viento “Dzahuindanda” o Lluvia que Cae, para que se casara con 9 Lagarto. La boda se realizó y fue entonces cuando los cónyuges tomaron el sagrado chocolate y fundaron la dinastía de Apoala. Dzahuindanda poseía poder mágico para crear ejércitos y lanzarlos contra sus enemi-gos.
Un Capitán nacido de un árbol de Apoala salió en busca de tierras dónde poblar y preparado para combatir por la conquista, pero la tierra estaba desierta y solamente el sol brillaba en lo alto del cielo. Juzgando que el astro era el Señor de este territorio, lo retó a combate, y preparó su arco y sus flechas. Disparó repetidamente hacia el Sol hasta que al caer la tarde lo vio hundirse tras las montañas cubiertas de nubes a las que tiñó de sangre. El héroe creyó que el Sol había muerto y que con su sangre enrojecía el horizonte. Entonces se declaró vencedor y fundó la ciudad de Ti-lantango.

Dioses Meso-americanos

Según una tradición maya, el mundo es una superficie plana y cuadrangular que se divide en cuatro sectores a los que se asocian colores significativos: rojo al este; blanco al norte; negro al oeste; amarillo al sur; y verde al centro, siendo este último el lugar donde se encuentra una gran ceiba cuyas raíces penetran en el mundo subterráneo, formado por cuatro estratos y cuya fronda toca los niveles del cielo. En cada una de las esquinas del mundo están los Bacabes, deidades que sostienen los cielos.
Quetzacoatl: Conocido como “Serpiente Emplumada”, fue el Rey Máximo de donde se origina-ron los troncos de los diversos reinos (toltecas, mexicanos, mayas, etc.). Es considerado como la versión del Mesías para los mayas. Nace de un pedernal en el día 9 Viento del año 10 casa. Fue engendrado por los Dioses creadores, quienes le encargaron diferentes trabajos, como cargar el cielo, fundar dinastías, etc. Se le atribuye haber fundado Chichénitza. Se le conoce con otros nombres: “Kukulcan” en maya; “Xolotl”, divinidad del inframundo; “Ehécatl”, dios del viento; etc.
Xipetotec: “nuestro Señor el Desollado”. Dios de la penitencia. Se le atribuyen las viruelas, la sarna, pústulas, enfermedades de los ojos, etc.
Huizilopochtl: Dios nacional Azteca. Sus orígenes se encuentran en un antiguo caudillo tribal de los tiempos nómadas, divinizado tras su muerte. Es el dios que confirió a los aztecas su peculiar mesianismo, al tomarlos como el pueblo elegido, en manos del cual pone el destino de mantener al universo en funcionamiento: alimentando con sangre a Tonatiu, el disco solar, divinidad que el propio Huitzilopochtli irá absorbiendo progresivamente. Guió a los aztecas en su peregrinación desde el lago Aztlán hasta México- Tecnochticlán.
Tláloc: Dios azteca de la lluvia. Le ayudan unos genios llamados Tlaloque, que provocan los distintos tipos de lluvia. Su compañera es Chalchiuhtlique, dios de las aguas marinas.
Tezcatlipoca: Dios azteca del cielo nocturno. Dios a la vez creador y a la vez destructor. Dios de la pureza y el pecado. Inventor del fuego, patrón de los príncipes.
Hunab-Ku: Dios único Maya. Deidad principal en el panteón maya, la cual no podía ser repre-sentada materialmente porque era incorpórea. De éste decían que procedían todas las cosas y como era incorpóreo no lo adoraban.
Itzarná: Deidad maya, representada como un monstruo celeste: especie de cocodrilo o serpiente bicéfala. Originalmente dios del firmamento. Regía al día y a la noche, a la vez que mantenía relaciones con la Luna y el Sol, la lluvia, la agricultura, el maíz, la medicina, la adivinación, las pléyades y Venus. Con el tiempo llegó a ser el dios de la sabiduría, pues se le atribuyó el haber inventado la escritura jeroglífica y la hechura de códices. Se le creía hijo de Hunab-Ku. En los códices Itzarná aparece en forma de viejo arrugado, con un solo diente, narí roma.
Kinich Ahau: Señor con rostro de sol, en maya. Una de las advocaciones del dios Itzarná, la deidad más compleja del panteón maya. En su condición de gran jefe, solucionó todos los pro-blemas de los mayas e incluso distribuyó tierras entre los pueblos. Se le considera hijo de Hunab-Ku. En la estela y en el Códice Dresden se le representaba como pequeño monstruo celeste (sol de mediodía). Según algunos historiadores su esposa era Ix asal o Ixchel.
Ixchel: Diosa maya lunar, compañera del sol, y por lo tanto, deidad creadora. Su influencia se manifestaba en las mareas, las lluvias que producían inundaciones, en la menstruación y en cier-tas enfermedades. Por ello era patrona de la fecundidad, la procreación, el nacimiento de los ni-ños, la medicina, la adivinación y el tejido.


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