EL UNIVERSO HOLOGRÁFICO

EL UNIVERSO HOLOGRÁFICO

En su libro “El Universo holográfico” Michael Talbot nos desvela curiosos fenómenos que no tienen explicación para la ciencia moderna, pero que sí pueden interpretarse mediante la física cuántica o modelos teóricos como el paradigma holográfico. Según él, el universo es un gigantesco holograma, una proyección tridimensional que nuestra mente se encarga de recrear, y la realidad tangible de nuestras vidas cotidianas es realmente una ilusión, igual que una imagen holográfica. De esta manera, el tiempo y el espacio no son más que productos de nuestra manera de percibir, pero estamos tan «programados» para aceptar estos conceptos como categorías absolutas que nos cuesta incluso imaginarlo. Se basa en las investigaciones de neurobiologos y físicos como Karl Pribram y David Bohm.

Los neurobiólogos sólo han podido localizar en el cerebro las áreas correspondientes a determinadas actividades como el habla, la visión, etcétera, pero no el origen de las funciones cerebrales. Karl Pribam, neurocirujano de la universidad de Stanford, opina que no existe una zona del cerebro que abarque la memoria o la inteligencia, sino que éstas se hallan en todas las partes de dicho órgano. Como ocurre en un holograma.

Un holograma es una imagen tridimensional confeccionada con la ayuda de un láser. Para obtener un holograma, el objeto a fotografiar es bañado por la luz de un rayo láser. A continuación se hace rebotar un segundo láser contra el reflejo luminoso del primero y el patrón de interferencia resultante (el área donde se cruzan ambos láseres) es capturado de modo fotográfico. Al ser revelada, la película resultante muestra lo que parece un amasijo caótico de luces y líneas oscuras. Sin embargo, basta con iluminar la película con un nuevo rayo láser para conseguir una imagen tridimensional del objeto original. La tridimensionalidad de tales imágenes no constituye la única característica sorprendente de los hologramas. Si partimos por la mitad el holograma de una rosa e iluminamos con un láser las dos mitades resultantes, cada mitad exhibirá la imagen completa de la rosa.

Si subdividimos las dos mitades una y otra vez, cada uno de los fragmentos de película fotográfica seguirá mostrando una versión completa aunque, eso sí, más pequeña, de la imagen original. A diferencia de las fotografías convencionales, en el caso de los hologramas cada parte posee la información presente en el todo.
Hoy en día casi todo el mundo ha oído hablar de los hologramas, las imágenes tridimensionales proyectadas espacialmente con la ayuda de un láser. En la actualidad, dos de los pensadores más eminentes en el mundo -David Bohm, físico de la Universidad de Londres, antiguo protegido de Einstein y uno de los físicos cuánticos más respetados, así como Karl Pribram, neurofisiólogo de Stanford y uno de los más influyentes arquitectos de la interpretación del cerebro- creen que el propio universo bien pudiera no ser otra cosa que un gigantesco holograma, una especie de imagen o estructura creada (al menos en parte) por la mente humana.

Curiosamente, Bohm y Pribram llegaron a semejante conclusión de modo independiente, a través del estudio de campos muy diferentes. Bohm se convenció de la naturaleza holográfica del universo tras muchos años de escepticismo frente a las teorías convencionales, incapaces de explicar numerosos fenómenos presentes en la física cuántica. Pribram se convenció a su vez ante la ineficacia de las formulaciones convencionales para resolver determinados enigmas neurofisiológicos. Una vez llegados a tales conclusiones, Bohm, Pribram y otros investigadores adheridos a la misma idea advirtieron que el modelo holográfico servía para explicar gran número de fenómenos, entre los que se contaban la telepatía, la precognición, la psicokínesis (la capacidad de la mente para desplazar objetos sin valerse del contacto físico), los sentimientos místicos de comunión con el universo, la sincronicidad e, incluso, las experiencias chamánicas y preagónicas. De hecho, como subrayan sus defensores, el paradigma holográfico ayuda a explicar prácticamente todos los fenómenos místicos y paranormales.

Hoy en día Pribram cree que los recuerdos no se agrupan en neuronas o pequeñas agrupaciones de neuronas, sino en estructuras de impulsos nerviosos que entrecruzan el cerebro de modo similar a como las estructuras laserianas entrecruzan un trozo de película fotográfica que contenga una imagen de naturaleza holográfica. A lo largo de varias décadas, numerosos estudios habían probado que los recuerdos no se hallan confinados en una región precisa sino que se encuentran diseminados por todo el cerebro.

La idea del “todo en cada parte” proporcionó a Pribram la explicación que había buscado infructuosamente durante tanto tiempo. Los experimentos de Lashley habían demostrado que cada porción del cerebro parece contener la totalidad de los recuerdos presentes en el cerebro. Ello llevó a Pribram a concluir que el propio cerebro debía ser una especie de holograma. ¿Cómo se almacenarían los recuerdos en un cerebro de carácter holográfico?
En esta teoría, la ciencia y la percepción de los místicos se integra. Para Pribam existe un orden espiritual en el Universo. Con su revolucionaria teoría de la mente holográfica, ha llegado posiblemente al lugar del alma.

Se inspiró en los trabajos de Karl Lashley, quien descubrió que los recuerdos no se graban en un punto aislado del cerebro, sino en una zona del mismo, de tal manera que, al extirpar parte de esa zona, el recuerdo aún podía recuperarse. Esto sugirió a Pribam la idea del funcionamiento global del cerebro y le llevó a postular que éste tiene acceso a un dominio frecuencial holístico que trasciende al espacio y al tiempo. Pero la meta de la neurobiología conservadora consiste en poder llegar a explicar que todos los procesos mentales, conscientes o subconscientes, se deben sólo a mecanismos fisiológicos y no a que exista una esencia espiritual.

Cierto tipo de procesos subatómicos son capaces de originar partículas esencialmente “gemelas”, esto es, partículas unidas de modo igualmente misterioso, de tal forma que una de ellas registrará siempre y de manera instantánea aquello que le suceda a su gemela con independencia de la distancia existente entre ambas. De acuerdo con Bohm, la aparente conexión más rápida que la luz existente entre partículas subatómicas no es otra cosa que la expresión de un nivel más profundo de la realidad todavía desconocido para nosotros, un nivel holográfico. En términos holográficos, del mismo modo que cada parte del holograma contiene la información relativa al todo, cada miembro de una pareja de partículas gemelas contiene la información relativa a la pareja completa.

Bohm prescinde de misteriosas señales de comunicación y sostiene que las partículas subatómicas pueden registrar de modo instantáneo lo sucedido a sus semejantes con el argumento de que la supuesta lejanía entre ellas no es más que una ilusión. Su hipótesis afirma que, en algún plano más profundo de la realidad, dichas partículas no constituyen entidades diferenciadas sino que son una extensión del mismo todo fundamental. Esta hipótesis, sin embargo, no encaja con la teoría de la relatividad formulada por Einstein. Según esta teoría, no existe señal o comunicación alguna capaz de trasladarse a mayor velocidad que la luz. Dado que superar la velocidad de la luz equivale a traspasar la barrera temporal, el propio Einstein se negó siempre a creer en la existencia de semejante conexión entre partículas.

Pribram concluyó que el universo es un holograma mientras trataba de solventar la cuestión de cómo y dónde se almacenan los recuerdos en el cerebro.
En un universo en el que los cerebros individuales constituyeran partes indivisibles de un mismo holograma primordial y en el que todo se hallaría conectado de manera holográfica la telepatía podría ser, simplemente, la puerta de acceso al nivel holográfico. Dicho con otras palabras, en un universo que fuese un holograma, nuestro cerebro, y de hecho cada neurona y cada átomo de nuestro cerebro, de algún modo contiene el universo entero, al mismo tiempo que todos formamos parte de una mente global. La frase del poeta William Blake relativa a que el universo puede ser descubierto en un simple grano de arena se convertiría en una verdad literal. Por consiguiente, la capacidad de un cerebro de acceder a la información de otro cerebro no sería ya un problema, puesto que cada cerebro contendría ya la información de todos los demás cerebros.

Bibliografía:
“El universo holográfico” autor: Michael Talbot
“El paradigma holográfico” opiniones de Wilber, Bohm, Pribram y Weber
“Misticismo y física moderna” autor Michael Talbot
Artículo de Michael Talbot en la web: www.artfutura.org

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