SABIDURÍA ORIENTAL.SUFISMO. Una Filosofía de Amor

SABIDURÍA ORIENTAL.SUFISMO.
Una Filosofía de Amor
Siendo una Filosofía de Amor, el sufismo tiene, evidentemente, mucho en común con el Cristianismo. Así, para conservar la “guardia del corazón”, el
hombre debe dar muestras de una vigilancia permanente (mura-qabah), lo
que corresponde, como se sabe, a la práctica de “orar y vigilar”,
aconsejada en el Nuevo Testamento. Sólo de ese modo se podrá conocer lo
divino y alcanzar el estado de Hombre Perfecto (Ahsantaqwîn), que es
aquel que se identifica con Dios. Sus atributos deberán ser la
humildad, la paciencia, la fidelidad y, por encima de todo, la
veracidad (sidq), que consiste en ver las cosas como son, olvidándose
de sí mismo. Decía Al-Hallâj, el mayor místico del siglo X: “Me torné
en Aquel que yo amo y Aquel que yo amo se tornó yo. Somos dos espíritus
fundidos en un solo cuerpo”. Jesús, expresando la misma identificación,
se limitó a decir: “Yo y el Padre somos Uno”.
El Hombre Perfecto debe, por tanto, alcanzar la unidad con Dios. Pero, para que eso sea posible, es necesario que se libere de todos los velos
de la ilusión. Estos velos se dividen en dos categorías: los velos
oscuros (tentación, cólera, deseos…) y los velos claros (castidad,
exceso de humildad…). Estos velos claros constituyen una peligrosa
trampa, donde son fácilmente atrapados los adeptos mal preparados,
pues, pareciendo conducir a la extinción del “yo”, alimentan aún más la
personalidad. La unidad se expresa a través de cinco grados: 1º – “No
hay otro Dios sino Alá”, 2º – “No hay otro él sino Él”, 3º – “No hay
otro tú sino Tú”, 4º – “No hay otro yo sino Yo”, 5º – “No se puede
formular, porque no hay unión ni separación, ni alejamiento ni
aproximación. Es el mundo divino”.
Para el Sufismo, el hombre fue creado con las más admirables proporciones (ashan taqwîn), habiendo sido, en seguida, precipitado hasta el nivel
más bajo (asfal sâfilîm). Ahora, deberá pasar del estado de asfal
sâfilîm al de ashan taqwîn. Jesús explicó esta larga peregrinación
mediante la Parábola del Hijo Pródigo.
A pesar de que el Sufismo es la esencia de las principales religiones, tiene aspectos específicos que caracterizan su método. Entre ellos, es
costumbre atribuir especial relevancia a la danza cósmica de los
derviches, porque la danza, para los Sufí, expresa mejor que las otras
artes la Creación Divina. Mientras que en otras artes el artista no
precisa estar presente, en la danza debe estar presente el bailarín,
representándose de ese modo la trascendencia e inmanencia de Dios.
Mevlana, también conocido como Rumi, fue el primer derviche bailarín.
La música y la danza fueron la forma de expresar su reconocimiento a
Dios. Enseñó entonces a sus discípulos cómo debían proceder: con los
pies superpuestos, el izquierdo ritualmente sobre el derecho, la mano
derecha en el aire para recibir el don del cielo, la espada dirigida
hacia abajo, para difundir el saber, y deberían girar en torno a un
centro, a semejanza de los planetas girando alrededor del Sol.
Otro aspecto característico del Sufismo son sus máximas y las historias divertidas de Narusddin Hodja, personaje legendario en todo Oriente
Medio y del que diversos países reclaman la nacionalidad. Se trata, sin
embargo, de un Sufí turco que vivió en el siglo XIV. Las “gracias” de
Narusddin corresponden a una especie de retrato caricaturizado de la
humanidad y deben ser entendidas a diversos niveles de profundidad. He
aquí un ejemplo:
“Cierto día, Narusddin atravesaba un río, llevando a un profesor en su barco. Como Narusddin era muy inculto, dijo, en determinado momento del viaje, una palabra
incorrecta que provocó la risa del profesor. “¿Nunca aprendiste
gramática?” – le preguntó el profesor. “No”, respondió Narusddin.
“Entonces, perdiste la mitad de tu vida” le dijo el profesor. Algunos
minutos más tarde, le preguntó el barquero al profesor: “¿El señor
nunca aprendió a nadar?” Y ante la respuesta negativa del profesor,
Narusddin replicó: “Entonces perdiste toda tu vida, porque vamos a
hundirnos”
La sutil percepción del Sufí le permite alcanzar niveles de entendimiento inalcanzables para la común de las personas. Por eso, no se debe ver en estas historias
apenas una diversión, aunque, en cierto modo, sea ese también su
objetivo.

SABIDURÍA ORIENTAL.SUFISMO.
Una Filosofía de Amor
Siendo una Filosofía de Amor, el sufismo tiene, evidentemente, mucho en común con el Cristianismo. Así, para conservar la “guardia del corazón”, el
hombre debe dar muestras de una vigilancia permanente (mura-qabah), lo
que corresponde, como se sabe, a la práctica de “orar y vigilar”,
aconsejada en el Nuevo Testamento. Sólo de ese modo se podrá conocer lo
divino y alcanzar el estado de Hombre Perfecto (Ahsantaqwîn), que es
aquel que se identifica con Dios. Sus atributos deberán ser la
humildad, la paciencia, la fidelidad y, por encima de todo, la
veracidad (sidq), que consiste en ver las cosas como son, olvidándose
de sí mismo. Decía Al-Hallâj, el mayor místico del siglo X: “Me torné
en Aquel que yo amo y Aquel que yo amo se tornó yo. Somos dos espíritus
fundidos en un solo cuerpo”. Jesús, expresando la misma identificación,
se limitó a decir: “Yo y el Padre somos Uno”.
El Hombre Perfecto debe, por tanto, alcanzar la unidad con Dios. Pero, para que eso sea posible, es necesario que se libere de todos los velos
de la ilusión. Estos velos se dividen en dos categorías: los velos
oscuros (tentación, cólera, deseos…) y los velos claros (castidad,
exceso de humildad…). Estos velos claros constituyen una peligrosa
trampa, donde son fácilmente atrapados los adeptos mal preparados,
pues, pareciendo conducir a la extinción del “yo”, alimentan aún más la
personalidad. La unidad se expresa a través de cinco grados: 1º – “No
hay otro Dios sino Alá”, 2º – “No hay otro él sino Él”, 3º – “No hay
otro tú sino Tú”, 4º – “No hay otro yo sino Yo”, 5º – “No se puede
formular, porque no hay unión ni separación, ni alejamiento ni
aproximación. Es el mundo divino”.
Para el Sufismo, el hombre fue creado con las más admirables proporciones (ashan taqwîn), habiendo sido, en seguida, precipitado hasta el nivel
más bajo (asfal sâfilîm). Ahora, deberá pasar del estado de asfal
sâfilîm al de ashan taqwîn. Jesús explicó esta larga peregrinación
mediante la Parábola del Hijo Pródigo.
A pesar de que el Sufismo es la esencia de las principales religiones, tiene aspectos específicos que caracterizan su método. Entre ellos, es
costumbre atribuir especial relevancia a la danza cósmica de los
derviches, porque la danza, para los Sufí, expresa mejor que las otras
artes la Creación Divina. Mientras que en otras artes el artista no
precisa estar presente, en la danza debe estar presente el bailarín,
representándose de ese modo la trascendencia e inmanencia de Dios.
Mevlana, también conocido como Rumi, fue el primer derviche bailarín.
La música y la danza fueron la forma de expresar su reconocimiento a
Dios. Enseñó entonces a sus discípulos cómo debían proceder: con los
pies superpuestos, el izquierdo ritualmente sobre el derecho, la mano
derecha en el aire para recibir el don del cielo, la espada dirigida
hacia abajo, para difundir el saber, y deberían girar en torno a un
centro, a semejanza de los planetas girando alrededor del Sol.
Otro aspecto característico del Sufismo son sus máximas y las historias divertidas de Narusddin Hodja, personaje legendario en todo Oriente
Medio y del que diversos países reclaman la nacionalidad. Se trata, sin
embargo, de un Sufí turco que vivió en el siglo XIV. Las “gracias” de
Narusddin corresponden a una especie de retrato caricaturizado de la
humanidad y deben ser entendidas a diversos niveles de profundidad. He
aquí un ejemplo:
“Cierto día, Narusddin atravesaba un río, llevando a un profesor en su barco. Como Narusddin era muy inculto, dijo, en determinado momento del viaje, una palabra
incorrecta que provocó la risa del profesor. “¿Nunca aprendiste
gramática?” – le preguntó el profesor. “No”, respondió Narusddin.
“Entonces, perdiste la mitad de tu vida” le dijo el profesor. Algunos
minutos más tarde, le preguntó el barquero al profesor: “¿El señor
nunca aprendió a nadar?” Y ante la respuesta negativa del profesor,
Narusddin replicó: “Entonces perdiste toda tu vida, porque vamos a
hundirnos”
La sutil percepción del Sufí le permite alcanzar niveles de entendimiento inalcanzables para la común de las personas. Por eso, no se debe ver en estas historias
apenas una diversión, aunque, en cierto modo, sea ese también su
objetivo.
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