PERDONAR

Todo perdón supone cierta conclusión, que
significa poner fin a los problemas, sanar, olvidar. Si tenemos asuntos
inconclusos, cada vez que pensemos en una persona o circunstancia determinada
surgirán el conflicto y la intranquilidad interiores. ¿Te enfadas automáticamente o te
sientes culpable cuando piensas en ciertas personas o circunstancias?
Este es un modo seguro de saber si quedan problemas no resueltos.
Hay muchas maneras de fomentar la conclusión en las relaciones:
disculparse, pedir perdón, confesar o decir la verdad sobre lo que ha trascendido, o
hacer una especie de penitencia. A veces, la conclusión llega simplemente
mirándonos a nosotros mismos y a los demás bajo la luz de una nueva comprensión;
entonces, lo que antes era molesto ya no vuelve a molestar.
Puede ser que perdonarnos a nosotros mismos y perdonar a los demás no
nos exija hacer o decir algo además del proceso interior de liberación.
Tal vez haya ocasiones en que pensemos:
«Necesito hablar con X para aclarar las cosas», pero la otra persona
no tenga ningún interés en hablar. Para no quedarnos atascados en el pasado, lo
que necesitamos hacer ha de ser templado por lo que es posible hacer. Hay
veces en que es mejor no hablar. Un problema que hay que tener presente, sin
embargo, es no escoger el silencio a modo de escape, para evitar afrontar la
verdad con otra persona porque parece terrible, cuando la opción de hablar
sinceramente es la que tiene más probabilidades de ser la curativa.
Disculparse. En muchos casos, la mejor manera de abordar a una
persona a la que hemos hecho daño o hemos tratado con insensibilidad es
reconocer la verdad francamente y pedirle disculpas. Algunas personas sienten
alivio y acogen con gusto la oportunidad de sanar la relación. Eso no significa
necesariamente que uno o la otra persona vaya a reanudar una relación
activa. Pero sí quiere decir que uno comienza a descargarse de un pasado
doloroso.
Disculparse puede ser muy liberador, pero sólo cuando se hace de
corazón y sin expectativas. Esperar que la disculpa sea aceptada con alegría es
predisponerse a enfadarse si no es así. Recordemos que, pese a las
disculpas, el verdadero remordimiento y los cambios positivos de comportamiento,
como dejar de hacer las cosas que provocaron la rabia, es posible que la
otra persona no esté todavía preparada para perdonar o dispuesta a hacerlo.

Es importante tener cuidado de no imponer la necesidad de conclusión a
alguien que no la desea. También lo es no permitir que la rabia o el temor de
otra persona atice el fuego de la propia culpa. No permitamos que el perdón
de nosotros mismos dependa de la disposición a perdonarnos de otra
persona, que quizá se aferre a la rabia porque obtiene algo que aún no está
dispuesta a dejar marchar. Puede ser que le resulte demasiado terrible o doloroso
dejar marchar la rabia, que tal vez en ese momento sea una parte importante
de su propio proceso de curación.
Aceptemos que los demás estén donde están. Respetemos su derecho a
sentir de la manera que sienten. Sólo así nos podremos perdonar a nosotros
mismos. Evidentemente, podemos desear que esa persona nos perdone y reaccione de otra
manera, pero limitémonos a reconocer el deseo y ya está. Cuando nos
quedamos atrapados en el deseo de que otra persona cambie, nos separamos de
nuestro Yo y volvemos a sentir rabia y culpa.

Escribir. Otra manera útil de
favorecer el proceso de conclusión es escribir una carta de disculpa o en la que
simplemente se exprese la propia verdad. Puede haber muchas cosas que
deseemos decir a la otra persona. Escribir es una forma muy efectiva de
clarificar los pensamientos y sentimientos. Podemos hacerlo con la intención de
enviar la carta, u optar por no enviarla, aunque la persona esté viva y sepamos
dónde vive, si presentimos que aún no está en disposición de escuchar. Puede
que nos sintamos culpables y estemos arrepentidos pero enviar la carta podría
comprometer a una tercera persona, por ejemplo un hombre que le
escriba una carta a otro para pedirle disculpas por haberse acostado con su mujer
una vez, cuando ésta había decidido no decirle nada. Aun cuando rompamos la carta o no
la enviemos nunca, el hecho de poner por escrito nuestros sentimientosy
pensamientos puede hacernos avanzar mucho en el camino de la curación.
Visualización. También la visualización puede ayudar en el
proceso de conclusión. Podemos tomarnos algunos minutos cada día, abrazar con
cariño a esa persona dentro del corazón y pedirle perdón. Hemos de tratar de
perdonarnos a nosotros mismos aunque sintamos que esa persona aún sigue
enfadada.
Penitencia. Otra manera de conseguir la conclusión es la
penitencia, es decir, el acto, nacido del cariño, de dar con el sincero deseo de
hacer las paces. No porque sintamos que somos pecadores y creamos que el hecho
de dar nos redime el pecado y nos hace merecedores de que los demás nos amen y
perdonen. Ya somos dignos de amor y de perdón. La penitencia puede ser útil
cuando la otra persona no está trabajando activamente en la curación.
Dar de corazón es siempre curativo, aun cuando no se obtenga respuesta
de la otra persona.
Confesión. Confesarle a otra persona las cosas de las que nos
sentimos culpables puede ser una parte importantísima en el proceso de
perdonarnos a nosotros mismos. El quinto paso del Programa de Doce Pasos de
Alcohólicos Anónimos dice: «Confesamos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro
ser humano la naturaleza exacta de nuestros errores». Al reconocer ante
otra persona nuestros errores y transgresiones, apoyamos activamente el
proceso de liberación. Al hablar de las cosas acerca de las cuales nos sentimos
mal con alguien amable y compasivo, nos quitamos de encima la pesada carga de
la culpa. Decir toda la verdad puede ser un proceso aterrador que nos
vuelve vulnerables y nos expone al rechazo. Sin embargo, el temor de hacer
partícipe a otra persona de nuestra más oscura verdad suele disolverse, pues al
decirla es reemplazado por el alivio. Hablar del dolor, la culpa y la
vergüenza con una persona de confianza es renunciar a ser el poseedor único de esos
sentimientos. Descubrimos que seguimos siendo aceptables y así creamos
más espacio en el corazón para nosotros mismos.

De Robin Casarjian

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One Response to PERDONAR

  1. isis dice:

    Me gustó esta reflexión, ya que efectivamente cuando perdonamos o somos perdonados, se siente un gran alivio, pues finalmente somos nosotros quienes nos dañamos al guardar rencor y odio en nuestro ser. Es mejor perdonar y olvidar…

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