Vida de Buda, la historia de un maestro…

Vida de Buda, la historia de un maestro…

La vida del joven príncipe fue una vida de lujo y placer lejos del sufrimiento de la humanidad ordinaria. Ahora
vienen los cuatro encuentros importantes en la vida del joven.

El ‘Dighanikaya’ cuenta:

“El joven señor Gotama ordenó a su cochero que preparara el carruaje de
ceremonia con estas palabras: “Prepara el carruaje, mi buen cochero, y
vamos a pasear por el parque”.

“Si, señor”, respondió el cochero. Se apresuró a aparejar el carruaje y
regresó para anunciarle a Gotama, “El carruaje está listo, señor; a
vuestras órdenes.”- Gotama subió entonces al carruaje de ceremonia y se
fue al parque.

Tras este suceso, el rey se dijo para si:

“Es preciso que Gotama no renuncie al poder; hay que evitar que
abandone la casa para llevar la vida errante de los religiosos, es
necesario que la predicción de los magos brahmanes no se cumpla.”
Así, para evitar que abandone la casa, para evitar que esto sucediera,
adoptó sus medidas a fin que el joven príncipe se aficionara todavía
más a los placeres sensuales. Y entonces, Gotama siguió inmerso en el
placer de los sentidos.

Luego, el joven señor encontró en el camino del parque, a un anciano
tan torcido como el término curvado de un tejado, decrépito, apoyado en
un bastón, tambaleándose al andar, agotado. Al verle, Gotama dijo:
“Buen cochero, ¿qué hizo ese hombre para que sus cabellos y su cuerpo
sean diferentes de los de otros hombres?”

“Ese hombre es lo que llamamos un anciano, señor”. “Le llaman así, señor, porque no seguirá viviendo mucho tiempo”.

“Entonces, mi buen cochero, ¿también yo estoy expuesto a la vejez? ¿No estoy yo fuera de su alcance?”

“Vos, señor, lo mismo que yo, estamos amenazados por la vejez; no nos hallamos fuera de su alcance.”

“Está bien, mi buen cochero, ya tengo bastante parque por hoy. Llévame a mis aposentos…”

Pasado cierto tiempo, el joven señor mandó a su cochero que preparara
el carruaje y salió de nuevo. Y Gotama, cuando se dirigía al parque,
encontró a un hombre enfermo, doliente y débil, tendido en el suelo y
revolcándose en sus excrementos, solo, alimentado y vestido por almas
caritativas. Al verle, Gotama preguntó: “Ese hombre, mi buen cochero,
qué cosa ha cometido, para que sus miradas no sean como las de otros
hombres y que su voz sea distinta a la de los demás?”

“Ese hombre, señor, el lo que se llama un enfermo.”

“¿Y qué significa un enfermo?”

“Un enfermo, señor, es un hombre que difícilmente podrá recuperar la salud.”

“Y yo, mi buen cochero, estoy expuesto también a caer enfermo? ¿No estoy fuera del alcance de la enfermedad?”

“Vos, señor, como yo, estamos expuestos a caer enfermos; no estamos fuera del alcance de la enfermedad.”

“Pues bien, tampoco hoy tengo más deseos de parque. Condúceme a mis habitaciones.”

También entonces el rey dijo para sí, “He de procurar que Gotama no
rechace el poder; hay que evitar que abandone la casa para llevar la
vida errante de los religiosos; es preciso que las predicaciones de los
magos brahmanes no se cumplan.” Así, para oponerse a este peligro, tomó
sus medidas para que el joven señor se abismara más aún en los placeres
de los sentidos. Y Gotama siguió deleitándose en los placeres
sensuales.

Algún tiempo después, el joven señor Gotama salió en su carruaje otra
vez. Y yendo hacia el parque, vio una aglomeración de gente, personas
vestidas con traje de colores diversos que se hallaban ocupados en
alzar una pira funeraria. Al verlo, preguntó a su cochero: “¿Por qué
todas esas gentes vestidas con trajes de diverso colorido se han
reunido aquí para alzar esa pira?”

“Es porque alguien, señor, ha terminado sus días.”

“Entonces, guía el carruaje hasta cerca de ese que ha terminado sus días.”

“Sí señor,” respondió el cochero y cumplió lo que le ordenaba. Gotama
vio el cadáver de aquel que había terminado sus días y preguntó, “Qué
significa, mi buen cochero, eso de terminar sus días?”

“Ello significa, señor, que ni su padre, ni su madre, ni sus otros
parientes verán jamás a quien terminó sus días y él tampoco los verá
más.”

“Y yo estoy también expuesto a la muerte? ¿No estoy fuera del alcance
de la muerte? ¿El rey, su esposa y mis otros parientes no me verán más
ni yo tampoco a ellos?”

“Vos, señor, lo mismo que yo, estamos expuestos a la muerte y no
estamos fuera de su alcance. Ni el rey, ni nadie os verá más, ni vos
tampoco veréis más a nadie.”

“Está bien, mi buen cochero, no siento ya el menor deseo de parque. Condúceme a mis aposentos.”

Espero que les guste la historia de este principe, en breve les compartire otras historias de grandes maestros

Saludos desde el Alma
Luna

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