Cartas a mi añorado gran amor

Juro como cualquier marino embriagado y alunado por la entrepierna, que no abandonaré en el olvido la memoria del nunca más, tantos jóvenes y sueños hermosos, torturados y lanzados como
pájaros con las alas partidas al vacío. Hay demasiado dolor en la memoria de
nuestros países. Más que maculas, nuestra historia está ensuciada por el
detritus de una clase política corrupta. Es absurdo que para ser político, haya
que pensar y actuar como hijos de puta o murtes.

Mi corazón arruma estrellas y cenizas que me estremecen como los besos que sin premeditación no sedujeron. Me siento poseído y atrapado por el delirio de las pasiones
inhumanas y silenciosas de la tímida introversión amorosa. Me deslizo sobre las
asperezas significantes de la mezquita que te hace hembra y donde la malicia se
disfraza con sábanas, para escuchar la palabra malinterpretada de un hombre.

Los suspiros tórridos de los dioses que inventamos, nos permiten imaginar apocalipsis y universos absurdamente colosales, que sólo puede concebir la ceguera del alma o la
morbidez banal que nos enloda en el vómito murte del oscuro lumpen.

Hay versos bellos como algunos paisajes, delicados como algunos sentimientos, sensuales como algunas pieles, hermosos como obras de arte. Versos que conmueven como algunos testimonios
absurdos de la naturaleza ¡otros se agitan y destruyen como las borrascas!
Tenemos que ser como caudalosos ríos, llenos de esperanzas y sin traiciones. No
censuro ni me interesa adivinar qué piensan las putas. Todo es transparente
desde el mutismo, cuando el remordimiento se devora a nuestras entrañas.

Tu cuerpo es un instrumento que expresa los sonidos armoniosos de los sentidos. Mis dedos hacen ebullir la música de la caracola que se desprende como vino caliente de los tempestuosos
grilletes. La palabra escrita es como un Ulises que le arranca las máscaras a
los hijos de puta, que nos traicionaron por unas monedas e intentan ocultarse
cual carpantas en el anonimato. Mi poesía es un canto a los traidores y a esas pordioseras
como la María Eugenia que intenta ocultar las felonías de su pasado.

Me cansé de intentar permanecer en silencio. Me hastié de ver pisoteada a la dignidad y me cansé de ver a la justicia manoseada como una puta de tercera. Es inevitable que la luz
se apague en las sociedades permisivas. No basta con cerrar los ojos, para
continuar viajando indiferentes e ignorando a la melancolía. La poesía no siempre
es música, porque la he visto gritar y sollozar a veces. El desamor es morir
sin estar muertos. Se expresan palabras que nos subyugan a los recuerdos y nos
fracturan el espinazo.

La torpeza nos amuralla en vacios, en sensaciones apasionadas que se transforman en hojas secas que se desprenden de las descabelladas sensaciones cuando se marchitan. Nada hace
bombear mejor al corazón, que las ilusiones y las palabras amorosas. Esas sin
razones que nos embriagan y nos enloquecen con el fulgor de los aromas
amorosos. El amor adormila como el opio mariguano que obnubila a las fantasías.
La pasión amorosa es la oración de la carne, cuando se desvela con los gemidos
de la crepuscular hambruna. Te prendes como las hogueras a las llamas, con la
generosidad con la que la luna nos comparte su piel o el pecado a sus frutos
prohibidos.

Cuando te contemplo extasiado desnuda, pienso que no es Cupido, el mejor representante del amor. No sé si la virgen de los enamorados, sea la misma señora que protege, a las putas
de los lupanares. No sé a quién encomendarle mi miseria. Las palabras son algo
más que macilla, con la que juega el alma; tampoco son los ladrillos de la
babel que construyen los sentimientos. La poesía amorosa hace tañer a los
pezones o templar con el eco del amoroso grial, donde se entierran las
ilusiones. El amor es más que simple rima y vocablos tiernos.

Los besos me recuerdan el juego de la rayuela. No deseo volver a vivir, muchos de los momentos vividos; ni toparme con murtes, ni con hijas de puta en el camino. La vida es un océano
de inmolaciones. El cataclismo de la poca cordura que me queda, genera en mis
entrañas expulsas sensaciones. Mi alma herida busca tu caverna, como busca su
querencia un amor herido. Es el vuelo sin retorno de los ángeles caídos. Son
los sueños que se subastan, en los oratorios y confesionarios. Siento desprecio
por los canallas murtes que ignoran lo que significa el honrar la palabra. Sólo
los hijos de puta callan mientras la vergüenza los acobarda y piensan que el
tiempo genera la impunidad que rebuscan en el olvido.

No son signos de reproches íntimos, el palpitar de los latidos. Nadie conoce mejor los secretos de nuestras palabras íntimas, que nuestras almohadas. Regálame un beso con el
sabor de tu boca. Deseo enloquecerte con mis caricias y que sueñes abrazada,
como si temieras perderte. Te presiento resurgiendo del punto como una hembra
de sal y fuego. Tu cuerpo amado yace desnudo como el placer y la adorable
pasión. Tu cuerpo apetecido y deseado me desvela. Tus caricias abren los brazos
para aferrarme y decirme que me amas.

Cuando estoy contigo quisiera no despertar nunca, porque me he enamorado en demasía, como para dejarte ir o abandonarte después del último beso, de este encuentro amoroso.
¿Será que algún día calzarás con orgullo a la endiablada sortija, que te debo?
¿Será un sueño o una sagrada deuda? No quiero que cambies o que culpes a la
impotencia por necedad del desamor. Si tu alma, es inimaginable el deambular
por la vida.

Que quiere con toda la pasión de su corazón

El perro vagabundo

II

AMADA mía:

el deseo sobre tu cuerpo me sabe a sal, amada mía, mi amor, mi cielo. Creí que al menos algunos de algunas de tantas promesas, germinarían. Quedaron tantos besos sin darnos. Me
cansé de nombrarte en silencio y de escribirte versos anónimos. Te he seguido
desde la oscuridad y quizás nunca sepas ni imágenes lo que hiciste germinar y
significaste en mi corazón. Quedaron tantos besos sin darse, tantos mimos sin
vivir y por qué no, montones de sueños esquivos por coexistir.

Sé que florecieron nuevas auroras, cada uno emprendió atrevidas aventuras y nuestros corazones se enamoraron con nuevas canciones. Te enseñe volar a mi manera y te vi brotar de la
crisálida, como una hermosa mariposa. Me fascinaba caminar contigo, bailar y
disfrutar de la música romántica de esos maravillosos años. Hay pesadillas que
nos arrebatan el alma del gran amor, de esa ilusión trascendental que nos marca
la vida.

Te pienso, que siento, te anhelo desde siempre. ¿Cómo olvidar, tú perfume? ¿Tu sonrisa? Estoy seguro de haberte deseado, querido y amarte por siempre. Divago. ¿Será que te conocí, en el
momento menos indicado? Mis ilusiones se marchitan deshojadas, como las
lágrimas de la tristeza que son ponzoñosas. El desamor es como la punzada de un
cuchillo poco piadoso. No hay disculpas que justifiquen a la ingratitud. Estoy
cansado de luchar contra la insensatez. Hay brisas arreboladas que nos azotan y
se llevan nuestras amadas imágenes, que transforman en brumosos recuerdos.
Desde entonces vagamos como barcos sin norte ni destino, rebuscando ilusiones,
ignorando la fatiga y el tiempo.

La sombra de tu nombre me persigue y es absurdo que no te pueda decir: ¡vuelve! No sé si es mi alma o mi piel, la que llora. Las lágrimas de mi alma se han secado. El amor no me le blindó
contra el fracaso y ahora sólo degusto sinsabores. Tu nombre sobrevive agolpado
entre los laberintos del olvido. Suenan rugidos como el miedo en la noche subiendo
por los maderos de las escaleras viejas. Es la sangre del frío la que me
aturde. Cuántas noches me he imaginado amándote de nuevo, embriagándome dé miel
en tu boca, libando la sal de tu piel y entrelazados sin vergüenza, estrujándote
con salvaje cariño.

Me siento atrapado por tu recuerdo. No sé cómo librarme de la reminiscencia y de esas miradas que me hacían desear y permanecer desnudo y abrazado a ti. Te sentía tan frágil y
delicada entre mis brazos. Eres como el fuego y el hielo, porque quemas y dejas
huellas. Me alucinaba la dulce locura de tus inocentes monerías. Fuiste alegre
como las primaveras. ¿Por qué la ceguera, nos hace sufrir tanto? ¿Será que
podré arrancarme, estas absurdos grilletes? El miedo es una cadena aferrada al
cuello del corazón. Tus recuerdos son heridas entreabiertas, dulces y amargas;
agridulces como las llamas de tus labios o las sombras que me abandonaron añorando
tu regreso.

Sin un amor como el tuyo las horas se fueron lentamente, luego los días, las semanas, los meses y por último: ¡los años! ¡Cuánto hubiera dado por una mirada tuya! O que tus labios
hubiesen tocado a los mios con un ardoroso sentimiento.

Sé que eres frágil como una mariposa buscando sustento. Me dices que soy como la espuma blanca del Mar que te alucina y eso me encanta. Nada enmiendas cuando dices, que estás ansiosa por
comerme a besos. Me haces muy feliz cuando me dices que ambicionas ser mía,
toda mía ¡toda! Eso siempre me hará muy dichoso. Tu desnudez es el más hermoso
paisaje. ¡Ámame! Jamás serás una leyenda prohibida en mi vida.

No dejemos que las circunstancias necias apaguen nuestros deseos. No hablemos de muerte en vida, cuando aún laten nuestros corazones. Tengo suficiente tinta para hablarte del
futuro que vigila insomne como un faro. Mi voz te nombra cuando te añora. Tu
ausencia me aniquila, me destruye, sin ti soy nada y así he sobrevivido,
suspirando tu perdida. Sin ti le falta eco a las palabras y la soledad no es
más que una absurda agonía.

¿De qué vale que la belleza sea hermosa, sino se puede gozar y la gélida ausencia, no se desvanece? Cuando me robabas la calma temblaba y me atrincheraba contigo para consentirnos.
No dejes que la vanidad nos aleje, que nos convierta en extraños y se pierda el
tiempo, las promesas y lo bello de las noches, se transforme en cicatrices.
¿Será que nunca te has enterado, que espero tu regreso? No sé si mi mano vuelva
a tomar la tuya ¿por qué el silencio, disfrazó a nuestros sentimientos?

Con toda la pasión de mi amor

el perro vagabundo

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