La Muerte

Hace tiempo que me vienes a ver. Tu presencia anuncia el fin de una etapa de mi vida, abriéndome la puerta de otra, aunque no me es desconocida, no me apetece traspasarla.
Hace días que te presentas ante mí, ofreciéndome la mano. Sinceramente, no me apetece acompañarte allí donde me quieres llevar. Sé que se producirá una liberación en mi, y la sensación de placidez y amor serán grandes, pero todavía tengo cosas que hacer en mi vida. No sé, tampoco, si me dará tiempo de acabarlas, pero de momento prefiero intentarlo.
Mi corazón se resiente cada vez más y me da la sensación que no aguantaré mucho. Agradezco todo lo que he vivido hasta ahora y lo que la vida me ha dado. Me siento una afortunada de haber podido experimentar en esta dimensión donde me encuentro. La gente no sabe el regalo que se les está haciendo con sus presencias en este planeta. Lo que he vivido, ahora me doy cuenta que en el fondo, todo estaba de alguna manera previsto y las vivencias obtenidas me han llevado a darme cuenta del verdadero ser que soy.
No tengo miedo de esta nueva etapa que me espera y que se me invita de un tiempo hacia aquí. He llegado a entender el sentido de estos momentos, y cuando llegue, me dejaré ir, porque aunque por voluntad propia quiera quedarme, sé que mi camino debe de continuar, y por un tiempo, éste no debe de estar en este maravilloso planeta denominado Tierra donde me ha tocado vivir. También sé que he sido yo quien lo ha elegido. Me siento contenta de haberlo hecho.
Desde los últimos momentos de mi vida actual agradezco la presencia de todas aquellas personas que se han presentado en mi vida y las he elegido como familia. Juntos hemos aprendido, y aunque ellos no sean concientes de este aprendizaje, me siento satisfecha de haber coincidido con sus almas.
La llama de la vela empieza a apagarse y no sé por cuanto tiempo se mantendrá encendida. De cuando en cuando una pequeña brisa hace balancearla, y pienso, cuando así sea, que ya me habrá llegado la hora.
Siento amor y paz dentro de mí. Sé que donde iré me hará sentir como no he sentido en este mundo donde me encuentro. Por un lado tengo ganas de irme, ¡Pero hay tanto que hacer todavía aquí!
Ella vuelve a presentarse ante mí, ofreciéndome nuevamente la mano, y me da la sensación que no tardaré mucho en aceptarla. Por momentos tengo una sensación de ligereza. Hay algo que me impulsa a elevarme e ir hacia ella, pero me gustaría, antes, deciros unas palabras a todos los que estáis leyendo esta página, sea cuando sea:

Estoy tranquila y serena. Sé que todo está yendo bien, y que aquello que muchos de vosotros pensáis como un hecho inevitablemente triste, nada más lejos de la realidad. En estos instantes que me encuentro escribiendo estas palabras en mi habitación de siempre, puedo deciros que la sensación de plenitud es grande. Que cuando os llegue vuestro momento, no temáis, i confiéis que todo irá bien. En algún momento me he elevado de mi cuerpo y he visto una gran Luz amorosa que me decía que no temiera y que todo estaba yendo bien. En estos instantes, ¡Sentí tanto amor! Me sentía acogida, velada, protegida y muy amada. Por momentos sentí esta sensación de plenitud interior y que todo estaba en perfecto orden. Fueron pequeños momentos en los cuales sentí esto, porque luego volví a ser conciente que me encontraba dentro de mi cuerpo, estirada en mi cama.
Sé que mi momento no tardará mucho en llegar porque ella cada vez hace más presencia al lado de mi cama. No es como la imagen que nos han querido hacer creer cuando ella nos invita a que la sigamos. Su expresión es dulce y serena, e incluso un poco acogedora. La imagen que nos han hecho tener de ella solo ha sido debido a los miedos de quienes nos la ha enseñado. Hay un miedo social hacia estos temas, pero yo, que de un tiempo hacia aquí estoy dirigiéndome hacia este paso puedo asegurar que no es como la describen.
No debe de haber tristeza ni pena por mi alejamiento, porque este no es tal. Estaré siempre con vosotros. En estos momentos que me he encontrado ante la Luz, ésta me hablaba, aunque no con palabras, pero me hablaba de este proceso del ser humano. Sus palabras eran dulces, llenas de ternura y sabiduría. Una gran paz, entonces, invadió mi ser. Me sentía tranquila, porque de alguna manera, percibía que lo que se me decía era cierto. Era como si la parte más profunda y sabia de mí reconociese la Verdad de lo que oía, por eso ahora no tengo miedo, y os digo a todos que cuando os llegue el momento no temáis. Todo irá bien, y el dolor que podáis llegar a tener desaparecerá en el momento. Os sentiréis libres y llenos de amor, porque el dejar nuestro cuerpo es un acto de amor. No sé como explicároslo, pero sé que así es y será. ¡Aquella Luz me habló de tantas cosas…! Que cuando volví a mi cuerpo, toda inquietud me desapareció y una sonrisa se vislumbró en mis labios. Esto es lo que me dijeron los que se encontraban a mi lado en aquel momento.
Ahora, casi no puedo moverme porque todo el cuerpo me hace daño, pero me siento emocionada por estos momentos, porque sé que lo que había de hacer en esta vida ya lo he hecho, y bien. Estoy en paz y preparada para dar el paso que se ve que ya me toca.
Estoy escribiendo y siento la pesadez en mis ojos al querer cerrarse. Siento amor, mucho amor en mi y esto es lo que me hace dejarme ir. Ahora sí. En estos momentos se encuentra su presencia ante mí y esta vez insistiendo que la coja de la mano y la siga. Seguramente lo haré porque siento que ahora sí que lo debo de hacer. Siento amor en mi y por parte de ella hacia mí. ¡Ostras! ¡Veo a mi abuelo y a mi madre que me vienen a buscar! Oigo que me llaman para que vaya. Estoy llorando emocionada porque hace años que no los veía y que se fueron como ahora yo también siento que lo debo de hacer.
– ¡Abuelo, que contenta estoy de verte!¡Madre, como te he encontrado a faltar!
Veo como abren sus brazos para acogerme. Sí, ahora sí que vengo.
La llama de la vela fue apagada por una pequeña brisa que entró por la puerta.
Cuando su hija entró en la habitación se encontró el cuerpo de su madre con un rostro lloroso pero con una sonrisa y una expresión de paz y sosiego. En sus manos unas hojas escritas con estas palabras que acabáis de leer.
Aquella mujer traspasó la puerta que se le había abierto para continuar su camino. Siguió su proceso de vida, ahora, a otro nivel.
Sólo existe el amor y es este amor el que da la vida cualquier nivel, tanto físico como espiritual.
No temáis cuando os llegue el momento, porque es el amor quien os llevará hacia vuestra resurrección como seres divinos que sois. La muerte solo es un paso más hacia vuestra liberación humana. Es parte de vuestro proceso existencial. Es Amor.

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