LAS MANOS DEL MASAJISTA.

Hay Manos que sienten, hay manos que avanzan seguras y firmes, calmando el Dolor; ajustando un Hueso, relajando un Músculo, dejando flexible la Articulación.

Hay Manos que vibran, serenas y fuertes, con un magnetismo de suave temblor, sanando un Tejido, despertando un Nervio, vendando un Esguince, frotando un Tendón…

Manos que friccionan, amasan, presionan, con la maestría del que tiene un don: hacer llevaderos –por rudos que sean- espasmos y angustia, insomnio y tensión.

Manos que adivinan en dónde nos duele, y saben tocarnos con gracia y unción; aquí se detienen, allá se prodigan, con ritmo sedante cual una oración.

Desprenden efluvios de luz bienhechora y dejan sus huellas mensajes de Amor…

¡Acunan e irradian el Arte de Hipócrates, la Luz de Avicena, la magia del Sol!

Si alguno descubre las Manos que digo, ¡bendígala siempre con honda ilusión!

Porque transfiguran nuestra carne herida, ¡y curan, a veces hasta el Corazón!

(Rogelio Garrido Montaña; De su obra poética “Los Poemas del Masaje”)

Que Dios os bendiga , guarde con bien y permita que nuestras manos sean también remanso de luz, salud, amor y paz.

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