Glandula Pituitaria y el Tercer Ojo…

Esta glándula Pituitaria, también llamada hipófisis, es muy pequeña y está ubicada en el centro de la
cabeza, debajo del cerebro y es la más compleja del cuerpo.
Se la relaciona con el Ajna Chakra o Chakra frontal, (tercer ojo), pues
este es el centro de energía a través del cual podemos encontrarnos con
nuestro sabio interno, conectarnos con nuestro aspecto intuitivo y
positivo, serenar nuestra mente, aprender a llevar una vida mejor, más
sana y con mayor paz interior, ya que ayuda a regular todos los ritmos
energéticos de nuestro ser.

Veamos ahora desde lo corporal como se relaciona esto. La hipófisis
regula el funcionamiento de todas las demás glándulas. Se la puede
considerar la reina, la encargada de dirigir la orquesta endocrina.
Funciona como un complejísimo laboratorio químico compactado que recibe
las órdenes del hipotálamo, del cual cuelga. Su función es supervisar a
las demás glándulas a fin que secreten únicamente la cantidad exacta de
hormonas necesarias para el organismo. Secreta además sus propias
hormonas, que van a influir en la acción de casi todo el organismo,
permitiendo a la persona llevar una vida normal o también produciendo
enfermedades de la más amplia gama.
Entre las hormonas que produce, la oxitocina, es la que permite iniciar
las contracciones de la matriz; sin ella no podría producirse el parto.
La tirotrópica, por su parte, gobierna la glándula tiroides, ubicada
debajo del cuello. ¿Qué pasaría si su producción no estuviera regulada
por el hipotálamo? Muy simple, en exceso, aumentaría desmedidamente el
apetito de la persona pero esta sería cada vez más delgada. En escasez,
produciría pereza , exceso de peso y hasta retraso mental.
En el aparato reproductor, las hormonas de la hipófisis son las
encargadas de la producción de espermatozoides y óvulos, de modo que de
ellas depende la fertilidad. Pero aquella que actúa en más sitios en el
organismo, es la hormona del crecimiento. Influye en el crecimiento
óseo, en la formación de nuevo tejido cuando hay por ejemplo una
fractura, y en la cicatrización. La lipotropina, otra de las hormonas
producidas, es la que regula los depósitos de grasa en el cuerpo y
controla también ciertas enfermedades llevando la grasa sólida al
hígado y transformándola en energía.
Cuando el funcionamiento de está glándula no es adecuado, las células
aumentan su producción desmedidamente y puede producirse un aumento
desproporcionado del tamaño de una persona o de alguna parte de ella, o
una maduración de cinco óvulos al mismo tiempo, provocando embarazos
múltiples, e incluso un cáncer, ya que este se caracteriza por la
reproducción descontrolada de las células enfermas.
Si bien la hipófisis está muy protegida por encontrarse en la cavidad
del hueso esfenoides, es posible que se lesione. Las consecuencias
pueden ser desastrosas: por ejemplo, puede disminuir la producción de
la hormona antidiurética que actúa como freno sobre los riñones, y el
organismo liberaría litros de orina diaria hasta deshidratarse. También
son comunes los tumores es esta glándula. Si dicho tumor obligara a la
hipófisis a producir por ejemplo demasiada hormona
adrenocórticotrópica, que regula la actividad hormonal de las glándulas
suprarrenales ubicadas sobre los riñones, podría traer como
consecuencia bolsas de grasa en cuello, espalda y abdomen, las piernas
se pondrían demasiado delgadas, aumentaría la tensión arterial y la
libido desaparecería. Los huesos perderían calcio y las vértebras se
aplastarían, y el corazón debería hacer un esfuerzo tremendo hasta
rendirse.
Es así que calladamente y en forma imperceptible cada día la hipófisis
cumple con su función dentro de nuestro cuerpo. ¿Podemos ayudarla? Sí.
Al meditar o hacer ejercicios de interiorización a través del llamado
“tercer ojo”, estamos ayudando nada más ni nada menos que a armonizar
la energía de esta glándula tan importante para nuestra vida y a
optimizar su funcionamiento. Así como el descanso proporcionado por el
sueño revitaliza nuestras fuerzas permitiéndonos recomenzar cada día,
la relajación consciente influye directamente sobre todas nuestras
funciones corporales, en este caso las de la hipófisis. El hecho de
meditar o relajarnos, repercutirá sin duda en un mejoramiento total de
la salud y en una necesidad de incrementar los momentos del día en que
podemos utilizar estos recursos.
Espero que tanto para quienes creen en esto último como para los
descreídos, al ver las cosas presentadas desde este ángulo más
científico, se sientan atraídos por la necesidad de buscar la paz
interior a través de un trabajo personal que los llevará sin duda,
hacia el camino del equilibrio interno y externo.

Saludos desde el Alma

Luna

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