Los mediums y la loteria: Una historia personal

Una de las ironías que algunos escépticos gustan esgrimir contra las personas que son mediums o psíquicos es decir “¿si en verdad son psíquicos, por qué no adivinan la lotería y se hacen millonarios?”, lo cual siempre me recuerda mi propia experiencia hogareña sobre mediums y lotería. Se trata de algo que aconteció cuando yo era pequeño pero para contarlo se requiere una breve introducción sobre la situación cubana en aquellos turbulentos tiempos de los años 60.

Luego del triunfo de la revolución cubana en 1959 una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue la intervención de los negocios privados por lo cual muchas personas quedaron sin empleo, entre ellos mi padre Evelio que era contador y su socio Camilo que era abogado, quienes tenían un bufete en la calle Zanja cuyos principales clientes eran las tiendas de chinos del area y algunos negocios de joyería de inmigrantes judíos.

A las personas que quedaban sin empleo por la expropiación de sus negocios el nuevo gobierno revolucionario normalmente les ofrecía algún trabajo en la agricultura, como el corte de caña, la recogida de papas, etc. Mi padre no lo aceptó y nunca trabajó para ese Estado que de hecho se había convertido en el único empleador y propietario absoluto de todos los medios de producción, según la doctrina marxista que ya se imponía en la isla. Obviamente la situación económica se hizo muy precaria pues a partir de ese momento nuestra familia de cuatro personas (mi padre, mi madre, mi hermana y yo) dependía para vivir de algunas cosas que mi padre aún tenía y podía ir vendiendo poco a poco: el carro, el aire acondicionado del apartamento donde vivíamos en Santos Suarez y cualquier otra cosa que se pudiera considerar un “lujo” innecesario. A pesar de todo eso mi padre nunca quiso irse del país por no abandonar a mi hermano mayor quien pertenecía a una organización estudiantil universitaria y había sido condenado a 10 años de prisión por “delitos contrarevolucionarios”, es decir por intentar conspirar contra el nuevo gobierno; años que cumplió como prisionero político aunque el gobierno cubano no reconozca ese término legal.

Hasta ahi nuestra situación era similar a la de muchas familias cubanas en esos tiempos. Lo diferente en nuestro caso estaba en una especie de tradición familiar que existía sobre el estudio del Espiritismo Kardeciano (filosofía basada en los libros de Allan Kardec) además por supuesto de la tradición católica, como era normal en la mayoría de los cubanos de entonces, sin ninguna contradicción entre ambas cosas pués se entendía que el cristianismo era la religión y el espiritismo la filosofía; cosas diferentes pero relacionadas.

La tradición del espiritismo nos llegaba de mi abuelo, Justo del Castillo, quien además de médico naturista era uno de los pioneros del espiritismo kardeciano en Cuba, fundador de la Sociedad Espiritista de Colón en la provincia de Matanzas en el año 1910, la cual más tarde pasó a formar parte de la Sociedad Espiritista Cubana cuando la familia de mi abuelo se mudó para La Habana. Gracias a esta tradición en mi casa a veces se reunían personas con diferentes facultades mediúmnicas o psíquicas, algunos de los cuales eran familiares, como el caso de Rodolfito, un tío por parte de padre que era un excelente medium psicógrafo (medium de escritura automática) quien solía recibir comunicaciones que parecían venir de una fuente espiritual muy elevada, y mi propia madre Hilda, que era medium de trance y podía responder preguntas y suministrar información verídica mientras estaba en ese estado, aunque ella con excesiva modestia decía que aún necesitaba desarrollar su mediumnidad y solo lo hacía algunas pocas veces dentro de un círculo familiar. Fue a través de esas personas muy especiales que aprendí de primera mano qué es el espiritismo y pude experimentar fenómenos que me dieron convincentes evidencias sobre la realidad del mundo espiritual, como ningún ejercicio intelectual o lectura de libros pudiera haberlo hecho; lo que luego me motivó a estudiar Física pensando que quizás se podría encontrar una explicación científica para esos fenómenos –pero eso sería otra historia y no quiero salirme del tema.

En tales excrusiantes condiciones económicas y sociales no era extraño que mi madre buscara ayuda en sus guías espirituales (o ángeles guardianes para los que prefieran llamarlos de esa manera) que son esos seres invisibles que nos protegen y acompañan en nuestro viaje por el planeta tierra. Pero como ella no se consideraba una medium “desarrollada”, frecuentemente prefería consultar a otra medium más desarrollada que era de toda su confianza. Se trataba de Angelita cuya fascinante historia personal pudiera ser material para escribir un libro completo.

Angelita era una excepcional medium clarividente y clariaudiente cuyas facultades aparecen luego de un accidente automovilístico casi fatal. El accidente fue para ella un transformador evento espiritual, similar a lo que hoy en día llaman “experiencia cercana a la muerte”, aunque por supuesto en esos tiempos no se utilizaba esa terminología científica. Como resultado del accidente Angelita había quedado inválida, a pesar de lo cual comenzó a dar “consultas espirituales” desde su silla de ruedas a las personas que la visitaban en su casa. Las consultas de Angelita eran especiales por varias razones. Primero porque ella las consideraba una misión y una labor de caridad, por lo cual no cobraba por los consejos que daba (o que los espíritus daban a través de ella) aunque las personas al final de la visita solían dejar alguna donación. Segundo porque esas actividades se hacían como una reunión de amigos, todos sentados alrededor de Angelita en la amplia sala de su casa estilo colonial, donde se hablaba de muchas cosas, no necesariamente de espiritismo. Es decir que no eran consultas privadas como las que acostumbraban hacer otros mediums, o las tradicionales sesiones en los centros espiritistas, ni se hacían círculos tomados de las manos, ni se buscaba explícitamente “hablar con los muertos”.

Durante esas reuniones era normal que en algún momento Angelita se dirigiera directamente a alguno de los presentes y le dijera “me están diciendo una cosa para ti” o “tengo algo para ti”, y entonces pasara a revelar el mensaje de los guías para esa persona. El mensaje generalmente era escuchado por todos los presentes, excepto cuando por su naturaleza se trataba de algo privado y entonces Angelita llamaba a la persona interesada para que se acercara a ella y le decía el mensaje al oído. Angelita siempre trataba de ser cuidadosa en cuanto a la fuente de la información, por ejemplo algunas veces decía “estoy viendo esto” o “estoy viendo a esta persona en tal lugar haciendo tal cosa” para referirse a información obtenida por ella misma a través de su clarividencia, mientras que otras veces decía “me están diciendo esto” para referirse a los mensajes de los guías espirituales que generalmente daban respuesta a una pregunta o preocupación expresada por alguna persona; respuesta que generalmente tenía un caracter práctico como por ejemplo “me están diciendo que hagas eso” o “me dicen que tu sospecha es cierta”, etc.

Así por fin llegamos al tema que nos ocupa, el de la lotería y los mediums. Sucedía en Cuba que, a pesar que la revolución socialista acabó con la lotería nacional, destruyó las máquinas traga monedas y prohibió los juegos “de interés” por ser “reminiscencias del pasado capitalista”, en algunos lugares la gente continuó jugando. Incluso se jugaba a la lotería de Venezuela y de otros países que se podían escuchar en la radio de onda corta. Por otro lado algunos juegos de mesa y de azar tradicionalmente siempre fueron una importante forma de entretenimiento en la cultura cubana. No es de extrañar entonces que esos juegos también fueran un pasatiempo importante en la vida de mi madre y que ella fuera casi una experta en varios de ellos, desde el popular dominó hasta los complicados juegos de cartas españolas o americanas.

Ocurrió entonces en una de esas visitas a casa de Angelita, durante una de las mayores crisis familiares por las que pasamos, que ella le confirmó a mi madre los números ganadores de la lotería con las siguientes instrucciones muy precisas: “Me dijeron que juegues los números que has escogido por una semana pero que debes apostar esta cantidad”. Mi madre así lo hizo, por supuesto, puso a jugar los números diariamente por una semana y al penúltimo se sacó el premio gordo. El dinero recibido resultó suficiente para cubrir los gastos familiares por un tiempo en que pudimos vivir bastante desahogados financieramente. Luego, cuando mi madre fue a darle las gracias a Angelita y a sus guías espirituales, como corresponde en casos como estos, Angelita le aconsejó que no comentara lo ocurrido con nadie más.

Habiendo sido testigo presencial de tan extraordinario suceso, con típica ingenuidad infantil luego le pregunté a mi madre por qué no había aprovechado la oportunidad para apostar más y ganar mucho más dinero.

“Con eso no se juega” dijo mi madre. “Defraudar la confianza de los guías espirituales tendría graves consecuencias para nosotros y para Angelita”, continuó explicándome. Angelita podría perder su mediumnidad o perder la conexión especial que ella tiene con esos espíritus elevados y a nosotros nos pudieran pasar muchas otras cosas, pudiera suceder que nos enfermermáramos y entonces tendríamos que usar ese dinero en medicinas o quién sabe qué otras cosas pudieran pasar pero nada bueno saldría de ello.

Con el tiempo entendí que ella me estaba enseñando una regla de conducta básica, esa a la que se refiere el aforismo bíblico de que ¨cosechamos lo que sembramos¨ y que Kardec llamaba “ley de causa y efecto”; enseñanza que ha quedado conmigo para toda mi vida y que le agradezco infinitamente. Gracias mima.

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3 Responses to Los mediums y la loteria: Una historia personal

  1. rosita dice:

    Encontre la respuesta que queria , sobre la medimnidad gracias Adil , namaste .

  2. MYRIAM ECHAVARRIA dice:

    Excelente artículo, además de ilustrativo de tu historia en Cuba, es un mensaje de confianza en los guias espirituales..

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