Tras los restos de Francis Bacon

Londres, 25-8-2012

Rubén Cedeño

Era tarde en la noche cuando inicié la conversación con Fernando Candiotto por Skype. Aprovechando la oportunidad de que estaba en Londres, hablamos de la posibilidad de llegarme a la tumba de St. Albans y Francis Bacon, ambos encarnaciones del Maestro Saint Germain, a propósito que estaba escribiendo sobre la interpretación metafísica de “Macbeth” de Shakespeare.

 

Shakespeare, considerado el mejor dramaturgo de la historia, con 37 obras teatrales que son las más representadas en el mundo, es el pseudónimo bajo el cual se ocultó Francis Bacon, primer Barón Verulam y Vizconde de St. Albans.

Tenía pocos datos sobre el pueblo de St. Albans, la forma de llegar y mucho menos, información disponible de la rocambolesca historia tanto de St. Albans como de Bacon, que solo los estudiantes de esoterismo y ocultismo medio conocen y de lo que Conny Méndez habla algo –muy poco– en uno de sus libros. Pero tenía un vago recuerdo de cuando Conny Méndez me contó acerca de su último viaje a Europa, en el que visitó el Reino Unido; en ese viaje, fue a la tumba de Saint Albans y una viejita que se le apareció le dijo que estaba vacía.

Entre conjeturas, dudas y entusiasmo, esa noche me fui a la cama imaginando lo que iba a hacer al amanecer. Al día siguiente, Londres amaneció con un frío polar y lloviendo a cántaros, nada apropiado para los fines que me proponía. Pero no me importó, no me desanimé y salí, solo llevaba en un papelito anotado: “St.Albans Catedral, Hertfordshire”, más nada. Por el camino, iba haciendo los tratamientos para que se suspendiera la lluvia, pero nada, mientras más decretaba, más llovía. Era tan poca la información que llevaba, que a veces dudaba si me dirigía en el sentido correcto o iba al revés. St. Albans queda a unos cuántos kilómetros de Londres. Al fin me pareció llegar, aunque con dudas, sin saber si era o no era el lugar. Pero algo pasó, salió el sol. ¡Buena Señal! Los tratamientos llegan. Me adentré en la inmensa catedral gótica donde a las claras se veían restos arquitectónicos de varios períodos, que iban desde el siglo XI en adelante, fecha aproximada de cuando se inició este estilo.

ST. ALBANS

Detrás del altar mayor de la Catedral del Monasterio de St. Albans, en un catafalco inmenso de considerable altura, cubierto por una pesada tela de color rojo, se encontraban los restos del Maestro Saint Germain cuando fue St. Albans. Allí mismo había un ícono de St. Albans, pero no más hermoso y victorioso que el que se halla en el vitral oeste de la catedral, que es su vivo retrato.

Saint Germain, como St.Albans, era un anglo-romano guapísimo, fortachón, además de místico y, sobre todo, bondadoso, como muy pocos por aquellos tiempos. Toda una historia de enredos, verdades a medias, desmentidos y leyendas rodean la vida, reliquias y demás asuntos de St. Albans. Incluso, según las últimas investigaciones, parece que St. Albans jamás fue martirizado, ya que, para la época en que vivió, a los césares romanos ya no les distraía mucho martirizar cristianos.

Cuenta la gente que St.Albans no conocía el cristianismo, pero protegió en su casa a un sacerdote cristiano que estaba siendo perseguido, y quedó tan impactado al observar la entrega, devoción y santidad del sacerdote, que del tiro se le despertó su Cristo Interno y se convirtió al cristianismo. Cuando llegaron los soldados a buscar al sacerdote, St. Albans se hizo pasar por éste, se lo llevaron a la colina donde ahora está la catedral y, según parece, fue martirizado; en el sitio surgió una fuente de agua milagrosa, la tierra se cubrió de flores y su verdugo se negó a matarlo. Esta es una de las razones por las que las rosas son el símbolo del santo.

St. Albans nunca fue benedictino, como dicen algunos, pues para esa época San Benito no pensaba ni en nacer. Pero de que el Maestro Saint Germain vivió aquí, sí lo hizo; que fueron hallados sus restos en este lugar, eso sí sucedió; ¿que las reliquias mortales de St. Albans están dentro de su tumba? Hummm… Eso como que no se sabe a ciencia cierta. Y eso nunca se sabrá, la iglesia no permitirá jamás que esto se averigüe, no va a arriesgar, así como así, siglos de devoción a un santo.

Pero lo interesante del asunto es que llegué a la ciudad de St. Albans tras los pasos de Francis Bacon, quien también fue una encarnación del Maestro Saint Germain. Para variar, ambas vidas estaban envueltas en misterios, enigmas y leyendas, cada una más inverosímil que la otra, como han sido todas las encarnaciones del Maestro Saint Germain. Total, todo lo relacionado con el Maestro Saint Germain siempre está lleno de incógnitas, por eso le decían “El Enigmático Conde de Saint Germain”.

Según me había enterado, la tumba de Francis Bacon estaba en una capilla de la iglesia de St. Albans, a mano derecha del altar. Me volví loco buscando entre tanto muerto que hay allí enterrado, aunque fuera una lapidita que dijera Francis Bacon, pero no encontré nada. Se me ocurrió buscar la viejita que había hablado con Conny, pero me dije: “Esa debe estar muerta y enterrada”.

No me quedó más remedio que preguntar sobre el asunto, aunque con miedo. Hay que ver que estaba pisando un terreno entre la historia, la leyenda y la incertidumbre, teniendo en cuenta que la religión hacía años había suprimido de sus creencias la reencarnación y mi persona andaba detrás de un asunto delicado en este sentido. Como es de esperar, todo el personal autorizado de la iglesia me decía que no sabía nada. Pero hice como siempre se tiene que hacer, me fui a la cabeza, hablé con la máxima autoridad de la catedral, quien me dijo: “Váyase a la iglesia de San Miguel”. Averigüé cómo hacerlo y dirigí mis pasos hacia allá.

IGLESIA DE SAN MIGUEL

La iglesia de San Miguel en St. Albans no estaba cerca ni en línea recta con la Catedral de St. Albans. Me las agencié y llegué. El sitio no estaba muy habitado, la iglesia se hallaba en medio de un cementerio, y me encontré con la desagradable sorpresa de que estaba cerrada. Toqué, moví picaportes por aquí y por allá, sin obtener resultados. A los pocos transeúntes que crucé por allí, les preguntaba sobre el sitio y nadie sabía ni cuándo se abría la iglesia, ni de Bacon ni de nada. Recurrí de nuevo a los consabidos tratamientos metafísicos y al auxilio del Maestro para que me abrieran la iglesia. En estos más de cuarenta años, cada vez que he estado averiguando algo sobre las vidas del Maestro Saint Germain, se me han abierto las más inverosímiles puertas; pensaba que estas, de alguna manera, se iban abrir. Un pequeño cartel decía que la iglesia no iba a abrir ese día. A pesar de todo, tenía fe en que ahora el Maestro no me fallaría, y repetía constantemente:

Yo Soy la Puerta Abierta que ningún hombre me puede cerrar.

Pero como hay que tener fe ciega, aunque las apariencias demuestren imposibilidad, me mantuve con la frente en alto. Di unas vueltas, me metí en el museo de Verulamium, fui al teatro romano –que de seguro allí estuvo el Maestro– y volví a la iglesia. Cual sería mi sorpresa, cuando oí el sonido de un motor de auto cerca, corrí y, sin saber quién era, le conté al chofer mi desesperado interés por Bacon y desde donde venía haciendo esta investigación; este me dijo: “Usted es un hombre afortunado, porque hoy esa iglesia no se iba abrir. Espere que estacione y se la abro”. Era el sacerdote de la iglesia.

No podré describir nunca, el fuerte envión de energía que me arropó al penetrar en aquella pequeña iglesia. Allí, a un lado del altar mayor, estaba la tumba con una estatua de mármol de Sir Francis Bacon. No saben cómo le agradecí a Dios y al Maestro el poder estar allí. El sacerdote me enseñó dos sillas y la mesa del altar, que eran de la época de Bacon. Recordé las palabras del Maestro Saint Germain, cuando dijo que el día de su entierro como Bacon, allí, Él siguió todo su funeral, metido dentro del cuerpo de una mujer que estaba presente. El sacerdote me preguntó si era profesor, y le comenté de mi trabajo en la Metafísica. En un momento me dijo: “Pero esa tumba, se ha averiguado, y está vacía, no se sabe dónde está el cuerpo de Bacon”. Allí iniciamos una conversación sobre lo misterioso de la vida de este ser.

Francis Bacon fue hijo ilegítimo de la Reina Elizabeth I de Inglaterra; ocultamente se sabe que era una encarnación del Maestro Saint Germain. La historia no dice nada al respecto de esto por ningún lado, más bien afirma que Francis Bacon era hijo de Sir Nicolás Bacon y Lady Anne Cooke. Pero los chismes de la corte de la época –y todavía hay serias sospechas– dicen que esta pareja eran cortesanos de confianza a quienes se les entregó a Bacon en adopción, y que Francis Bacon era hijo de la Reina con uno de sus favoritos, Sir Robert Dudley, Conde de Leicester, a pesar de que a la Soberana se le apodara el epíteto de “La Reina Virgen” .

FRANCIS BACON

Francis Bacon nació en 1561. Como encarnación de un “Maestro de Sabiduría”, vino al mundo inteligentísimo; estudió en Cambridge, la mejor Universidad de Inglaterra; era amante de la filosofía; en París estudio política, diplomacia, y se dedicó a la jurídica, pero junto a un tío fue mantenido siempre controlado y reprimido para que nadie descubriera su verdadera identidad. El talento de Bacon era tan grande que, a pesar de esto, logró hacerse muy conocido y consiguió un asiento en el Parlamento; también llegó a ser un avanzado metafísico como Imperator de la Orden Rosacruz, además de ser un conocido Masón.

Para disimular su notoriedad, parece ser que Francis Bacon buscó al hijo de un comerciante del pueblo inglés de Stratford-upon-Avon, de apellido “Shakespeare”, que había desempeñado algunos cargos municipales y se ganaba la vida trabajando de portero y de actor en un teatro, para que firmara sus obras. De hecho, es histórico que uno de los actores que representaba las obras de Shakespeare era de apellido Shakespeare.

Como cosa curiosa, el Maestro Saint Germain también fue una encarnación de Saint Albans, el primer santo cristiano de Inglaterra, cuyo cuerpo está cerca de allí. No es casualidad que Francis Bacon llevara el título de “Vizconde de St. Albans”; que viviera en Verulamium, nombre de la antigua ciudad de St. Albans; y que también llevara el título de “Barón Verulam”.

A propósito de la creencia de que el cadáver del Maestro Saint Germain no está dentro de su tumba, el vitral del altar mayor de la Iglesia de San Miguel tiene una hermosa representación del Espíritu de la Resurrección como el Maestro Jesús. Esto me hizo recordar de inmediato las palabras que le dijo el Espíritu de la Resurrección a los que fueron a buscar al Maestro Jesús y no lo encontraron en su tumba: “No busquéis entre los muertos al que vive”. El Maestro Saint Germain se encuentra vivo, entre nosotros, trabajando día a día por la expansión de la Enseñanza Espiritual de la Nueva Era, no en una tumba.

Dos pequeños cojines a modo de alfombras presentaban un curioso bordado oculto de una “Estrella de David”, donde el triángulo que simboliza el “Yo Soy” estaba de color rojo, y el de la personalidad, en blanco, dentro de un loto blanco de ocho pétalos.

Después de terminar el fantástico periplo de este día y estar a resguardo, se desató la tormenta que mágicamente se había detenido para permitirme hacer todo lo que hice. No solamente eso, sino que en la tarde se comunicaron conmigo de una editorial de Londres y en pocas horas estábamos firmando la publicación de los libros para el Reino Unido. ¿Habrá sido el Maestro?

francis_bacon FRANCIS-BACON-Y-RUBEN saint_germain_ny_web

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