La Escritura en la Cárcel

Un ejemplo de fe se encontró en la pared de un campo de concentración. En ella un prisionero grabó las siguientes palabras:

Creo en el sol, aunque no brille.

Creo en el amor, aunque no lo expresen.

Creo en Dios, aunque no hable.

Procuro imaginar a la persona que trazó estas palabras.

Trato de imaginarme la mano esquelética que agarró el vidrio roto o la piedra con la que marcó la pared.

Trato de imaginar sus ojos entrecerrados que procuraron grabar cada letra en la oscuridad.

¿Que manos pueden haber grabado tal convicción? ¿Qué ojos pudieron haber visto lo bueno en medio de tal horror?

Hay sólo una respuesta: Ojos que escogieron ver lo invisible.

Vía Renuevo de Plenitud

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